jueves, 7 de abril de 2011

El ser humano como animal

Sí, efectivamente, el ser humano es solo eso, un animal mamífero más. No somos una especie privilegiada ni mucho menos, no somos "el animal racional" por excelencia.
Si acaso, el mayor privilegio del que gozamos es de tener una capacidad en nuestra morfología corporal que nos permita desarrollar un lenguaje verbal.
Aún así, ¿Cómo sabemos que el resto de animales no lo tienen? Sí que deben de tener unos códigos. Por ejemplo, dos perros que deciden ir a asustar a un rebaño de ovejas ¿Cómo deciden que van a hacer eso, y no otra cosa? Porque no sólo pueden, pongamos al caso, jugar con las ovejas, sino que también tienen un río cerca, por lo que pueden ir a bañarse al río. Si saben decidir qué van a hacer, está claro que lo debaten, y para debatir es necesario un lenguaje, por lo que, claro está, tienen unos códigos algo complejos para expresarse e intercambiar opiniones.
Otro aspecto que me hace pensar que no son tantas las diferencias entre el ser humano y otros animales es una capacidad que hasta hace poco sólo se le atribuía al primero: La mentira. Algunos animales sólo tienen la capacidad de pensar en lo que tienen delante; los que saben mentir pueden hablar de algo que no está presente o que no ha ocurrido, y para eso se necesita dominar un lenguaje. Los chimpancés mienten a sus semejantes rivales diciéndoles que viene un depredador cuando no es así; incluso he visto animales que fingen emociones, como por ejemplo, gatas que fingen tener celo... ¿No es acaso esto una prueba de que no somos los únicos?
Saliendo de las órbitas lingüísticas, parémonos a ver las habilidades manuales de los animales: El ser humano tampoco es el único animal hábil: Los chimpancés, las hormigas... Y muchos son admirablemente más apañados que nosotros, pues hasta el más prestigioso arquitecto podría quedarse anonadado con las perfectas y simétricas medidas de una tela de araña o de un panal de abeja.
¿Y la memoria? También la poseen; si no, nunca ninguno de nuestros animales de compañía aprenderían de sus errores, recuerdan a sus seres queridos y saben cómo comportarse frente a éste, o a este otro, pues recuerdan cómo es su personalidad.
Algunos dirán, "Sí Virginia, son unos argumentos muy buenos pero, ¿qué me dices de los sentimientos?" Pues por supuesto que los tienen, y lo digo por todo lo que he visto, y no solo en youtube el video del león abrazando a sus amos o el de un perrito salvando a otro en la carretera, si no también en la vida real: Los animales, y en especial los mamíferos, tienen sentimientos de afecto y amistad, hacen el amor y son capaces de tener contactos físicos con fines no reproductorios...
Comunicarse, recordar, aprender, elaborar, relacionarse... Todos los animales tenemos esto en común, y lo que nosotros hacemos no se diferencia de otros mamíferos como nosotros... ¿O quizás sí? ...
Sí, quizás sean ellos más inteligentes incluso que nosotros, pues ellos no dañan el medio ambiente... Nosotros sí, enormemente, pues siendo ciegos voluntarios nos estamos buscando nuestro propio suicidio. Como bien pone en mi libro de Ciencias de la Tierra y Medioambientales: "La humanidad ha desarrollado durante siglos una actitud de desapego hacia su medio ambiente, contemplándolo como si fuera simplemente el escenario en el que desempeñar todas sus actividades (...) percibiéndose como un elemento extraño a la biosfera, con la que forma un conjunto inseparable. Esta actitud ha llevado a la humanidad a introducir, con una despreocupación en ocasiones temeraria, modificaciones muy severas en su medio ambiente, al interponer sus intereses inmediatos a cualquier consideración sobre los efectos a medio y largo plazo de sus actividades y a pagar las consecuencias que estos impactos han tenido"
¿Y por qué el ser humano tiene esta actitud? Porque no se siente como un animal más, sino como un animal superior, cuando, en verdad, en lo único que supera al resto de animales es en ambición. Así pues tenemos que abandonar el antropocentrismo para así darnos cuenta de nuestra verdadera posición sobre la faz de la Tierra: Un componente más de la biosfera, un mamífero con las mismas necesidades que, por ejemplo, un castor.
Todavía estamos a tiempo de alcanzar esta conciencia; seguro es que si abandonamos la ambición y el antropocentrismo, si nos damos cuenta que priman nuestros pulmones o el río a un puesto de trabajo en una fábrica, si nos comportamos ¡como animales que somos! y de forma solidaria con otras especies que no desean nuestro mal (aun sabiendo ellas que la culpa del cambio climático recae sobre nosotros) todo dará un giro positivo en la humanidad que nos hará no cargarnos el planeta y vivir en armonía con él.

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